Leonora Balcarce y Romina Ricci, cómplices: de la necesidad de pagarse el colegio al hombre que una dejó por su mal aliento

Romina Ricci y Leonora Balcarce no logran ponerse de acuerdo desde cuando son amigas y quizás esa sea la única disidencia que mostrarán en esta entrevista con Teleshow. Coincidieron por primera vez como parte del mega elenco de Verano del ‘98, aunque sus historias no se cruzaban, pero se tenían de vista por los castings de los primeros 90 y por su amistad en común con Julieta Cardinali. “Todavía no nos hablábamos por teléfono, pero teníamos buena onda. Nos hicimos amigas después de unos años”, dice Leonora sobre aquellos inicios.

El presente las encuentra juntas en No te vayas con amor o sin él, una obra que dirige Romina y en la que actúa Leonora en el Paseo La Plaza. Es la segunda vez que se encuentran en ese rol luego del filme Las chinas, rodada en pandemia y del que también participaron Dolores Fonzi y la propia Cardinali. “De repente imaginar algo y que ellas lo hagan me impresiona. Son tan grosas mis amigas”, elogia Ricci en un momento de expansión profesional, al que le suma la dirección del documental Fantairas, sobre la vida del director teatral Alfredo Arias, y su participación en la obra Sex, de José María Muscari.

—¿Cómo es Romina directora?

Leonora: —Es espectacular. A mí no me había pasado tanto de que haya un director que dirija específicamente al actor, que es lo más lindo que te puede pasar. Y bueno, Romina siendo actriz también tiene ese toque de dirigir muy bien la actuación.

—¿Hoy estás más contenta con la actriz o con la directora?

Romina: —Me parece las dos van de la mano, no podría elegir una. Sí lo que me pasa desde el lugar de actriz, es tener la mirada como de dirección. Pero no es objetiva como cuando estoy del otro lado, que puedo estar realmente mirando el total desde afuera.

—Hay ahí algo que se termina de armar entre las dos.

Romina: —Sí, totalmente. Cuando voy hacia cada lugar, se ayudan.

—¿Y es más un hijito el proyecto como actriz o como directora?

Romina: —Yo creo que también todo fue un proceso, porque como actriz empecé tan chica que no podría decir que fui yo al proyecto: vino a mí, y sucedió todo lo que sucedió.

—En No te vayas con amor o sin él se habla mucho de las relaciones de poder. ¿Cómo se llevan ustedes con el poder?

Romina: —Yo no estoy mirando eso, estoy mirando las cosas que me apasionan desde otro lugar. Sí me interesa la mirada que siempre me dio el maestro Norman Briski, porque es una obra muy de él, donde refleja todas sus enseñanzas. Pero particularmente no me doy cuenta en qué lugar estoy mirando el poder. Se podría pensar que por dirigir uno tiene el poder de la dirección, pero yo lo hago desde un lugar quizás más ingenuo. Me apasiona, me gusta, me interesa, me da curiosidad.

—Hay algo interesante en esto que plantea también la propuesta. Todos los días estamos inmersos en relaciones de poder, en las que podemos tenerlo o lo pueden ejercer sobre nosotros, y que no siempre está atado a lo económico.

Leonora: —Sí, eso se ve en nuestro trabajo, que vas a una audición por un proyecto y siempre estás supeditado a la decisión de alguien que está en un puesto jerárquico. Y eso no siempre quiere decir que vos seas mejor o peor, sino que tiene que ver con un montón de otros factores.

—Y estamos en un momento que también cuestionamos mucho el lugar de las mujeres, y en un punto se toca porque muchas veces hemos quedado sometidas a situaciones difíciles en los trabajos, en las casas, en la vida. Ustedes, ambas, desde sus espacios han defendido el lugar de la mujer.

Leonora: —En la vida personal, todos los días.

Romina: —Y siempre que se puede, cuando hablamos, surge esa cuestión y lo conversamos. Es algo diario.

—Y educar hijos e hijas para que vengan distintos, con otro chip.

Romina: —Sí. Ella tiene dos varoncitos…

Leonora: —Me dicen cosas que digo: “¡Wow!”. El otro día, el de siete (años), me dice en tono gracioso: “Papá trabaja más que vos, él trabaja todos los días...”. Le digo que yo trabajo, tengo un trabajo más inestable, no es que voy a una oficina todos los días, pero de todas maneras cuando los estoy criando, es un trabajo; tengo que aclararle esas cosas para que sepa. “Eso no es un trabajo”, me dice. Y le digo: “Sí, es un trabajo, tengo que hacer esto, esto, esto”. Y ahí me dijo: “Ah, es verdad mamá, hacés muchas cosas”.

—Es súper importante que los chicos entiendan que lo que hacemos en casa es un trabajo no remunerado, pero tan importante como el hombre que sale a construir un edificio. A vos te ha tocado con niñas, Romina.

—Uh. Y las niñas también me enseñan mucho… Valentina, Margarita, que ya son grandes, inclusive Betania, a veces dice cosas fuertes. Me enseñan día a día y también me hacen reflexionar un montón.

—¿Cómo viveron los inicios de tan chicas en la profesión?

Leonara: —Yo empecé a los 17: la primera cosa que hice fue Montaña rusa, otra vuelta. Pero ya había trabajado en una panadería, a partir de los 15; después en un bar a la noche, después vendedora. Para mí estuvo buenísimo porque me hice un montón de amigos de mi edad, estábamos todos en la misma. Era como ir al colegio de siete de la mañana a seis de la tarde durante seis meses que duró Montaña rusa…, y para mí estuvo bárbaro.

—¿Romi?

—Yo empecé bastante más chica, a los 12, y lo hacía por diversión. Hice 40 comerciales de muy chiquita y de repente salía del colegio y me iba a trabajar. Al viaje de egresados me fueron a buscar, me fui antes… No sabía si estaba bien, ¿me entendés? Ya en la secundaria decidí cambiar de colegio, pagarme mi colegio. Entonces, tenía como mucha responsabilidad.

—¿Te pagabas vos tu colegio?

—Sí, tenía que hacerlo: había que aportar en mi casa de alguna manera. Entonces salía del colegio y me iba a trabajar. Siempre tuve otra realidad.

—¿El colegio te lo elegiste vos también?

Romina: —Sí. Por el color del uniforme.

Leonora: —Ay, mi amor...

Romina: —No tenía ni idea, pero el color del uniforme me encantaba. Rojo y azul, me divertía la combinación. Y también el lugar, era una casa muy antigua, en el que entrabas, había una escalera.... Era todo muy visual, ya veía una película adentro. Y se ve que el uniforme me daba como una cosa de responsabilidad. Mis hijas ahora no van a colegio con uniforme, pero quizás al ser tan chica necesitaba un orden.

—Pero era muy exigido: el colegio a la mañana, trabajar a la tarde.

Romina: —Sí, si no podía pagar, viste, era complicado si algún mes no podía pagar o… El último año se me complicó porque el viaje de egresados o la cuota ¿no? Y me pasaban esas cosas. Finalmente pude lograr pagar todo.

—¿Era por un tema de necesidad económica en tu casa que te lo pagabas vos?

Romina: —Sí, necesidad económica. Si yo me quería pagar el colegio está bien. Porque también podrían haber dicho: “No, bueno, esta plata la usamos para comer”. Así que bien.

—Mucha responsabilidad para una nena.

Romina: —Mucha, sí. Yo con mis hijas ahora como que digo: “Ay, pensar que yo ahora esto”. Se me re cruza eso y me parece fuerte.

—¿Y en qué momento empezaron a disfrutar la profesión?

Romina: —Disfrutar al 100%, son muy pocas las veces. No sé, Lei, qué pensas, pero se tienen que dar muchos factores. Es como en cualquier profesión: por ahí de afuera no se ve, pero tiene cosas lindas y cosas feas.

Leonora: —Sí, para que cierre y que digas: “¡Wow!”, tienen que pasar un montón de cosas.

Romina: —La peli que hicimos de Fito (Páez, ¿De quién es el portaligas?) la pasamos bien.

Leonora: —La pasamos bien. Porque éramos todos amigos, era algo divertido de hacer y eso no se da tanto.

Romina: —Hubo mucho ensayo, mucha preparación. Eso no existe mucho acá.

—Romina, hace poco contaste que algún actor se zarpó en una escena.

—Era chiquita, muy chiquita. Y bueno, me defendí. Me dio nervios la situación. Sobre todo porque en la dirección había alguien que seguramente estaría a favor de eso. Y en aquella época era muy diferente.

—¿A vos Leonora te pasó alguna vez?

—Sí, me pasó, pero no en una escena. Fue en un pasillo de un canal. Estábamos grabando una novela, nos cruzamos con el protagonista y me metió una mano. Y yo me di vuelta y lo miré, él se rio y siguió caminando, iba con alguien al lado que también se rio. También me pasó en el primer programa que hice, no a ese nivel, pero sí un maltrato y algo que en ese momento era normal. Pero la metida de mano en el pasillo fue fuerte...

—Una después sigue trabajando con esa gente.

—Esa persona siguió trabajando bastante, pero después cayó.

—¿Querés decir quién?

—No. Ya está recontra hundido, así que no hace falta.

Unidas. La complicidad es algo que distingue a Romina y Leonora en los años que sea que cuenten de relación. La coincidencia en las cuestiones esenciales que definen a una amistad y las discrepancias necesarias para equilibrar la balanza. Se conocen en profundidad, como demostrarán en el desafío viral que les propusimos a continuación en el que, entre otras cosas, nos enteramos que una suspendió una cita porque el pretendiente tenía mal aliento, que la otra robó en su adolescencia y que ambas se hacen las dormidas frente a sus hijos.


—¿En qué se parecen y en qué son bien distintas?

Leonora: —Tenemos el mismo sentido del humor.

Romina: —Sí, eso ni hablar.

Leonora: —Yo la hago reír bastante, te digo.

Romina: —Y en estos días me está ayudando, porque me siento sobrepasada con la dirección, el teatro y la productora, y Lei hoy levantó el teléfono y me dijo: “Suspendamos el ensayo de hoy, Romi, porque estás sobrepasada”. En un momento me baja y resuelve bien cosas que yo por ahí, en la vorágine, sobre exijo. Y eso estuvo muy bien, amiga.

Leonora: —No sé en qué más nos parecemos. Ella tiene mucho carácter... Bueno, las dos tenemos carácter.

Romina: —Mamita, por favor. Es que ya estamos acostumbradas, nosotras no nos asustamos.

Leonora: —Yo creo que Romina, más allá de lo profesional y todo, a nivel carácter está en su mejor momento. Evolucionó de una manera bárbara.

—¿Y vos, a nivel carácter?

Leonora: —No sé, puede que esté mejor… Ayer tuve unos brotes por un estacionamiento y me sentí un poco sobrepasada. Imagino que tiene que ver también con el estreno, que da muchos nervios.

—La sociedad en la que estamos, que está también tan enojada, ¿no colabora un poco con todo eso?

Leonora: —Y... nos ponemos irascibles ante cualquier cosa A mí me robaron el lugar de estacionamiento. Yo me bajé del auto como una fiera y bueno, la verdad que él estuvo mal, pero después me sentí mal yo por ponerme tan furiosa por eso.

—Alguna vez para definirte dijiste: “Era como un animalito no domesticado”.

Leonora: —Era muy antisocial: no filtraba la cara de descontento, por no decir otra cosa...

Romina: —En ese sentido yo también que no sabía ni comer bien. Juli me enseñaba a masticar con la boca cerrada, ponele.

Leonora: —Yo más de la poca sociabilidad. De ser polite y todo eso. No filtraba nada ni me interesaba.

—¿Con qué se aplacó eso?

Leonora: —Tiene mucho que ver que crecí y también que el padre de mis hijos es una persona totalmente opuesta a mí, o sea es la persona más educada y sociable del mundo, y supongo que influyó en mí. Además, a los 20 puede ser simpático que tengas cara de traste, pero a los 40 no saludar y poner caras, qué se yo...

—Vuelvo al hoy y a este presente lleno de proyectos. Leo, vos estás con una peli a estrenar.

Leonora: —Sí, Ven a mi casa esta Navidad. La filmé a finales del año pasado y recién ahora se acaba de terminar de editar, así que estamos esperando el estreno.

—¿Vos, Romi? ¿Cómo te fue con el documental?

Romina: —Muy bien. Fantairas se estrenó en el Cine Gaumont y fue hermoso verlo ahí. Y luego, en septiembre va a estar en otro especial de Alfredo Arias en la Sala Lugones. Y sigo con Sex, de jueves a domingos.

—Que sos una bomba. Te he visto ahí de la mano de Muscari. A vos, Leonora, en un momento te habían ofrecido.

Leonora: —Sí, pero estaba recién parida de mi segundo hijo. No estaba en un momento como para hacerlo.

Romina: —De hecho, nos había llamado a las dos al principio, yo estaba con otra obra y Leo estaba con el bebé muy chiquito.

—La rompen en Sex. Es increíble lo que pasa.

Romina: —Sí, ahora agregamos una función más, y siempre la gente eufórica y feliz. Y es como un shot de…

—¿Te vas allá arriba como para ir a hacer el salto del tigre?

Leonora: —Ella siempre está para el salto del tigre.

Romina: —Ah, sí. Sabés que no lo estaba entendiendo.

Leonora: —Me parecía rara la cara de duda.

—Te decía para sex, en casa...

Romina: —Se me confundió el espacio. Estoy siempre. Igual a veces, como el otro día, que fue un tema de charla, me puede pasar que de repente estoy rota. Pero siempre estoy, porque me parece que es realmente un momento de dispersión de la vida.

Leonora: —¡¿Cómo terminamos hablando de sexo?!

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Fuente: https://www.infobae.com/teleshow/infoshow/2022/08/06/leonora-balcarce-y-romina-ricci-complices-de-la-necesidad-de-pagarse-el-colegio-al-hombre-que-una-dejo-por-su-mal-aliento/

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